Lo que yo hago en mi trabajo es lo que hacen casi todos los ingenieros en sistemas en sus trabajos, de todo. Si bien mis funciones están muy bien definidas y se sigue un proceso más o menos establecido lo cierto es que a la hora de la verdad toda la planificación queda en buenas intenciones.
Cuando el propietario de un negocio pequeño piensa en un ingeniero en sistemas lo que ve es un todólogo de la tecnología, alguien que goza de una especie de don divino que lo hace capaz de, con solo una mirada y la fuerza de su deseo, evaluar y comprender el como y el porque de la arquitectura de hasta el más pequeño sistema informático, electrónico, eléctrico e incluso a baterías; no importa el tipo de bien que sea, tangible o intangible, el ingeniero en sistemas podrá en menos de 20 minutos analizar tanto el hardware como el software en cuestión aprender como trabaja y explicar toda esa ciencia oscura al común de los mortales que miran con asombro esas cualidades casi mágicas.
Pero las maravillas de un ingeniero en sistemas no termina ahí, ya que lo anteriormente descrito es solo un “valor agregado”, algo que se realiza de muy buena gana gracias a su don de servicio con el cual promueve la alegría por doquier capacitando gente y celebrando con ellos cada vez que aprenden finalmente a mandar un archivo adjunto a alguno de sus familiares. Y es que nosotros los ingenieros en sistemas somos almas buenas y nobles que el buen Dios puso en la creación para mejorar el mundo a nuestro paso.
Las maravillas y beneficios de un ingeniero en sistemas van más allá de eso, estos seres únicos no solo son ingenieros son además arquitectos, diseñadores, coordinadores, asistentes y operativos, todo en un solo paquete cuya utilidad se demuestra día tras día. ¿El costo de semejante prodigio? Baratísimo!!!!! Un ingeniero en sistemas trabaja por nueces o mejor dicho prácticamente no cobra; bastará con pagarle el salario mínimo más una que otra compensación y listo. No cobrará horas extras y se quedará hasta altas horas de la noche o incluso entrada la madrugada, todo lo que sea necesario para que funcione la computadora del jefe.
Pero la verdad es que en mi trabajo yo no hago todas esas proezas, yo soy simplemente un humilde desarrollador del sistema de control de proyectos, cosa de nada. El 80% de mis obligaciones consisten en diseñar y construir un sistema que ayude a la empresa a organizar su desorden, eso si, sin obligarle a nadie a hacer nada “burocrático”, y es que dar dos clicks cuando puedo solo pestañear es algo inconcebible.
Durante los últimos dos años he realizado esta labor, he tenido que investigar el mejor método que me permita ejecutar de manera transparente, y sin ninguna acción extra por parte del usuario, toda la técnica y metodología que la empresa ha desarrollado a lo largo de sus muchos años de vida.
El sistema en cuestión debe ser capaz de asistir y asesorar a la alta gerencia en la toma de decisiones a la hora de vender su producto. Debe además ayudar a controlar la cantidad de insumos y recursos que se utilizan en el transcurso del proyecto. Un agregado interesante para el sistema podría ser la facultad de publicitar la marca, pero eso será en un futuro. No se debe tampoco olvidar que debo además educar a todo el personal en el uso de este sistema.
Una última cosa que parecería no muy importante es la propiedad del sistema. Aunque la empresa no tiene una sola patente a su nombre, no se puede dar el lujo de que todo ese conocimiento quede disponible. Es por eso que el único reconocimiento que obtendré por el desarrollo del sistema es precisamente ese, reconocimiento por haberlo hecho. Nada de dinero extra por futuros desarrollos ni de regalías por la venta del sistema como producto comercial, pero como dije antes, los ingenieros en sistemas somos ángeles encarnados que realizamos todo por amor al prójimo y sin el menor de los intereses.
Eso es en resumen lo que hago en mi trabajo, palabras más palabras menos. A pesar de que lo que he dicho es cierto en la mayor parte el mundo todavía cree que somos algo exagerados y que sobreestimamos nuestro trabajo a veces con el ánimo de engañar o quizá con el anhelo de figurar. Que puedo decir, creo que me gusta exagerar un poco las cosas y en general me gusta ser algo melodramático, pero eso es lo que me ayuda a mantener mi buen humor en esta carrera en la que me metí.